Tiempo

Hace unos días desperté sin ese sentimiento de incomodidad que normalmente me invade cuando te extraño, como si en aquel día sin importancia yo hubiera podido sonreirte sin sentirme hipócrita y hubiera podido pasar la tarde fría a tu lado en algún café hablando de cualquier cosa; después de todo, siempre disfruté de nuestras conversaciones, hoy es otro día.

De todas las explicaciones en la ciencia, desde los protones a las estrellas, siempre me ha resultado de lo más difícil hacerme un concepto claro del tiempo; como si estuviera atrapado en un vórtex de saltos cuánticos derrepente paso de una época a otra y ni siquiera puedo hacer un recuento de cómo he llegado a este punto. Muchas cosas han ocurrido en mi vida, y las etapas cada vez más lejanas son sólo un recuerdo. No dejo de pensar en un futuro no muy lejano donde todo esto que soy ahora sólo sea una página más en la corta historia de mi vida.

Un salto más tarde.

Extrañarte es sólo un manifiesto de soledad; una etapa a ser vivida através de una ulcera en formación, de más cigarrillos en la creación de un cáncer ocupacional, el taladro del dentista que remueve una carie. Un engaño.

1.0


Con la bala atravesada en la cabeza, aún así, el sueño se hace presente. El dolor durará lo que tenga que durar, estoy convencido de eso. Al menos ya no jodes tanto como antes.

El tiempo hace lo suyo y lo gracioso es que la intención de olvidar fue olvidada en el proceso de soledad, que aún dura.



Angel ruisénico

No te quiero cerca angel ruisénico. Sonará incoherente mi sincericidio aquí presente, pero es lo que siento cada vez que te escucho hablar. No eres un angel y no sabes que es ruisénico. ¿Para qué puedo desinstruir tu corazón ?
No sé que parisemes en mi cuerpo, ni cuanto acurbrazas a cuanto otro ves. 

El septimo estruendo

Escribo aquello que no soy
como las estrellas de Picasso y su luna
como la muerte del poeta y su música
o como el hombre que besas hoy.

Un estruendo rompe la delgada noche
los perros gritan y mi lápiz ladra
otro estruendo, no más gritos
a lo lejos, a veinte cuadras

El silencio, vaho y continuo,
discontinuo, y ficcional.
Un estruendo  en la segunda linea (tercera estrofa)
y mi lápiz (estruendo) evita amar.

El autor no sabe si viene otro.
El último lo asusta, ya van cinco.
No sabe que decir pero escribe.
El sexto vendrá, porque el silencio no existe.

LO TRISTE

Quizás una de los peores defectos que tengo sea el no ver lo que es evidente. Este defecto volvió por segunda vez cuando la palabra amar nació de forma natural nuevamente. La primera vez que amé, pensé que no habría una segunda y cuando llego la segunda me tragué la primera. Ahora pienso que no habrá una tercera; pero quien sabe. No sé que hará el tiempo con estos sentimientos que aún guardo por ella. Es gracioso: ella no está y la sigo amando y solo queda esperar a que ese afecto se disipe.

Es un tanto difícil aceptar que nunca más la volveré a ver y, aunque esto sea relativo, la idea de imaginar cómo serán los días sin escucharla me resultan inquietantes. Es triste decir adiós a una persona que te ofreció lo mejor de sí para crear tan bellas experiencias. Es como si el amor personificado hubiese fallecido dejando solo un rastro de memorias.

Ahora solo queda velar por uno mismo. Hacer el camino que me propuse pues no acepte andar por los que ya fueron transitados: asumir mis pasos, lo real de la situación y aceptar que está historia tuvo el final que suelen tener otras historias similares. Pero esta historia la atesoraré para toda la vida, o al menos hasta que una tercera tenga la paciencia de conocerme.

Lo más triste de amar es decir ADIOS.