EL SUTIL AROMA DE TUS RECUERDOS.


        Supongo que cuando la gente habla de olvido tiene una idea equivocada sobre el mismo. Hablamos de olvidar recordando, convenientemente para nuestros pesares, esos detalles que las personas de paso dejaron marcados con o sin intención. Al pensar sobre la palabra olvido no puede evitar asociar eso que llamamos recuerdos, ese archivo imperecedero y recalcitrante; y cuando llegué a este punto caí en la cuenta que nadie nace para olvidar al igual que todos nacemos para ser recordados en algún momento.

        Puede que a veces seamos víctimas de remembranzas ajenas, donde somos objeto de prácticas onanistas o la imagen que nos hace aferrar y apreciar a otras personas; que se yo. Aparecemos en pequeños lapsos como la información que somos y olvidados hasta nuevo aviso; pero como todo en la vida hay cosas que uno no debería hacer si es que no está consciente del filo doble que esto representa.

        Lo peor de todo es ser consciente de las implicancias de ese proceso, y aun así, trastabillar en la práctica, pero como todo proceso cognoscitivo es algo que tiene que hacerse y se hace… hasta que uno se da cuenta que hay quienes no podemos deshacernos con frivolidad de todo eso que nos hace ser lo que somos. Y como todo buen libro los recuerdos son vivencias que uno debe aprender a guardar, desempolvar, releer y disfrutar de la prosa que toda acción representó hasta el punto en el que termina una historia de las muchas historias que somos y que vendrán.

Tempo - capítulo II

El tiempo es un fenómeno interesante, se han utilizado diferentes maneras de medirlo y finalmente nos valemos de convenciones para hacerlo; sin embargo, queda atrapado en el conjunto sin fin de cosas que simplemente son relativas.

Definir si ha pasado poco o mucho tiempo, si es corto, fugáz, etéreo; simplemente depende de quien lo mire y definitivamente de quien lo viva.

El tiempo ha pasado.

Dos o tres años desde que mi vida empezó a girar como el agua en el fregadero, y como tal, se iba por el desagüe. No mentiré ni haré dramas, sé que todos tienen vidas difíciles, y estoy empezando a sospechar que ese es el verdadero significado de la vida; sin embargo, si he de escoger una serie de eventos para intentar definir mi tristeza (y ésta también entrará en el conjunto infinito de la relatividad) éstos últimos años serían el epítome de todo aquello que puedo llamar triste. También como es usual, la vida tampoco tiene finales trágicos o felices, simplemente la vida no termina... bueno, hasta que uno se muere, pero si uno sigue vivo no hay finales como en algún film y ésta sería mi manifestación virtual que aún estoy vivo.

Muchos eventos terminaron por cerrar círculos, de alguna manera siempre se abren más y es imposible, hasta donde tengo entendido, terminar de cerrarlos; así que eso de vivir sin dejar nada inconcluso no será lo mio. Pero quiero volver a escribir; a veces queman dentro de mi las palabras y extraño el sonido del teclado por la madrugada, y otra vez consigo olvidarlo y simplemente se pasa esa recalcitrante sensación y termina siendo más silencio, de ese silencio, del silencio que siempre me llena, me lleva y me rodea.

Quiero escribir, porque de otra manera seguiré encerrándome, seguiré cerrando puerta tras puerta, tras las puertas de la mente y el olvido.

Musica

De un tiempo a esta parte la música duele más.

De alguna forma hubo un silencio sin fin en mis dias, en las caminatas nocturnas.

La música siempre había sido la forma perfecta de escapar este mundo y ahora, ya ni la música lo logra.

Me miraron a los ojos, y por primera vez alguien pudo ver lo que había dentro; no era un reflejo como de costumbre, no era empatía... Sólo el vacío que queda, y que no puede ser llenado por la música otra vez.

Demasiado ruido.

Necesito alejarme de todo un tiempo; volver al silencio.

Lamento tanto no poder darte lo que quieres. Lamento no estar en condiciones para andar, menos para volar con esperanza.

silencio, tranquilidad. Luego de dos años. Silencio.

Mi más sentido pésame

Un abrazo... dos, uno conformista, el otro de agotamiento
Camino al entierro, no de muertos,  si no de vivos…
¿No has sentido?
Estar enterrado bajo tus recuerdos,
Los pensamientos ocultos, se escapan, te sepultan
El entierro, traspasa la piel, los huesos, inunda.
Triste,
Como ir solo a un bar, embriagarte de todo
Te doy mi más sentido pésame
Te lo regalo.
Úsalo,
Póntelo,
Juzgame,
Y muere también,
 C o n m i g o.

Fracaso

La noche llega silenciosa y los pasillos del hospital son sólo el eco de la rutina diaria como el murmullo del agua que resuena en la oscuridad a la orilla del río. Mientras la monstruosa sociedad duerme en su nido, los hospitales menguan sus llamas como una hoguera sin alimentar, la leña arde al rojo por dentro pero sólo las cenizas que quedan en el exterior son visibles a unos ojos distraídos.

La noche llega silenciosa y los pasillos del área de enfermedades tropicales son mansos a esta hora, sin embargo se quiebra la calma cuando a lo lejos se escucha el gemir de un paciente, un lamento; podría ser una queja de dolor o quizás la simple desesperación de un alma atrapada en un cuerpo que no responde, una plegaria de un dolor que aún no he descubierto o tal vez, simplemente, un delirio hipoactivo, una psicosis. Sólo puedo hacer conjeturas al respecto, no hemos terminado de descubrir que es lo que ha destruido la vida de esta persona, la vida de su hija pequeña o la de su madre que duerme todos los días en una banca de plástico sentada al pie de su cama.

Sólo se pueden hacer conjeturas mientras que él grita cada unos tantos minutos rompiendo el silencio, recordándonos lo terrible del fracaso. Soy plenamente conciente que no soy yo quien le ha enfermado, que en la medicina como la conocemos tenemos suerte si podemos detener la enfermedad y evitar que progrese sin lograr recuperar lo perdido, soy conciente que son muy pocas las dolencias que podemos realmente curar y sólo nos quedan tratamientos que hacen más dignas las enfermedades, si esto fuese siquiera posible; pero aún así, sus gritos tienen sabor a fracaso, a impotencia, a derrota.

Son gritos que calan en toda mi espina dorsal y me recuerdan constantemente que aún hay tanto por hacer o por terminar de aceptar si fuera el caso.